Irene Molina: La relación de la violencia y el racismo es epistémica

Proyecto MAD

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El racismo y la violencia se complementan, el primero no existe sin lo segundo. Es de esta manera, que se arraiga de manera profunda en las sociedades, generando situaciones que vulneran a las personas y en muchos casos también les provocan la muerte. 

Por Pamela Castro y Camila Pérez Soto

El pasado 11 de junio, en el marco del ciclo de charlas “Manifestaciones del racismo” del Proyecto Anillos PIA SOC 180008 “Migraciones Contemporáneas en Chile: Desafíos para la Democracia, Ciudadanía Global y Acceso a Derechos No Discriminatorios” , La Doctora Irene Molina,  que es Profesora en Geografía Humana y Directora del Centro de Estudios Multidisciplinares sobre el Racismo (CEMFOR) de la Universidad de Uppsala de Suecia, además de colaboradora internacional del proyecto  mencionado, presentó la exposición “Violencia y Racismos: Una relación Epistémica”, que fue transmitida vía Facebook Live de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. La actividad fue  moderada por María Emilia Tijoux, Directora del proyecto anillos y contó con la participación de diversas personas vía streaming. 

“El racismo es epistémico, es decir, está enraizado en nuestras sociedades de manera violenta y hegemónica”, señaló la Doctora, haciendo referencia a la profunda relación entre violencia y racismos, siendo parte intrínseca  de las sociedades contemporáneas y haciendolas profundamente disfuncionales, es decir, funcionan, pero lo hacen muy mal. 

Lo epistémico se refiere a que es un fenómeno que afecta nuestra relación con el mundo y la realidad, en el sentido que lo vivimos, lo reproducimos, sentimos, lo sufrimos y a veces lo ejercemos. Se enfatiza en cómo estos dos se entrelazan -el racismo y la violencia-en esta relación integrada en nuestro pensamiento humano, en la forma de percibir el mundo.

Se define al racismo como fenómeno central al capitalismo, este es quien crea la raza y no lo contrario. Irene Molina, además enfatiza que este es muy engañoso, no se le puede siempre interpretar directamente como tal. Es cambiante y oportunista para ingresar en todos los lugares, pero además es dinámico, cambia de acuerdo al tiempo y espacio, lo que lo transforma en un fenómeno geográfico e histórico.

En este punto se detiene y explica que como parte de las teorías postcoloniales “el racismo puede ser entendido como una tecnología. Con “tecnología” implicamos el conjunto de métodos, materiales e inmateriales, procesos, actividades, técnicas, cualidades, conocimientos, imaginarios y herramientas que forman y transforman la vida social, que producen algo, o parafraseando a Úrsula Franklin, son “las formas en las que hacemos las cosas aquí”. 

La expresión máxima del racismo, es la muerte, es decir, se lleva vidas, es asesino. Este ha justificado genocidios, masacres y asesinatos. Pero no sólo eso, también produce el “dejar morir”, que lo define como: 

“Dejar morir no es un apocalipsis. No es un evento mediático, como una masacre, un terremoto o una hambruna que mata a un gran número de personas en un periodo de tiempo comprimido. Tampoco es un problema maltusiano de suministro inadecuado de alimentos. Es una violencia sigilosa que obliga a un gran número de personas a llevar una vida corta y limitada (Li, 2010:66; in Gargi Bhattacharyya, 2018: 33)”, plantea Molina. 

En este punto se refiere a  casos de negligencias médicas que han sucedido en Suecia en los últimos años. en donde el racismo se ha manifiestado en el sistema de salud. Se describe el caso de un joven médico afro sueco que murió por negligencia en la ambulancia, su nombre era Elías pero para los medios un NN. Llamó a emergencias en Angered, Suecia, el día después de que se lesionó en un partido de fútbol en noviembre del 2017. En la ficha médica la enfermera de la ambulancia escribió que el hombre fingía estar inconsciente y que se trataba de un “desmayo cultural”. 

Para profundizar en los aspectos violentos del racismo, la profesora Molina menciona a Slavoj Ziëk & Charles Tilly, quienes identifican 5 tipos de violencia: sistémica, política, estructural, simbólica y subjetiva, las cuales están todas interrelacionadas.Pero para entender bien la violencia, plantea la académica, es necesario remitirse al tema del poder, ya que siempre está relacionada a éste. Menciona a autores como Gramsci, Hannah Arent y Michel Foucault. Entre ellos Arent declara que “el poder necesita la violencia, pero también hegemonía, no solo física, sino otras formas de violencia tienen que conservar al oprimido subyugado, hacerles creer que esta no tiene otra salida”. 

Se plantea la pregunta “¿Cómo persisten estas ideas?”, aprovechando de remontarse a temas filosóficos. Menciona la idea cartesiana del hombre blanco europeo superior, la que se acentúa con el darwinismo social, base de todas las atrocidades del holocausto. Así es como vincula esto con la noción de racismo como tecnología, que se va sofisticando en su uso en el tiempo y los espacios. 

Finalmente Irene Molina menciona el trabajo de Cedric Robinson, quien es muy importante en entregar elementos teóricos para comprender la relación histórica y epistémica, planteando que el colonialismo y el racismo son fenómenos constituyentes – centrales del capitalismo, este para ser hegemónico necesita y utiliza siempre la violencia.